miércoles, 4 de febrero de 2009

Soy un hombre de Dios...no le temo a nada...


Soy un hombre de Dios, no le temo a nada.


No le temo a nada por que estoy preparado para todo, estaba preparado para todo menos para ti.

Estaba preparado para todo excepto para salir huyendo de todo lo que creía

Estaba preparado para todo, para todo menos para encontrarte.


Creo en la fuerza redentora del maximo poder

Creo en los milagros

Creo en Dios...

Pero tambien creo en ti


La miró sentado en la butaca, la brisa del canal entra por la ventana por la que ella esta asomada. Su pelo negro, acompaña al manto de la noche, y me parece una diosa pagana que esta apunto de impartir bendición al mundo.


La otra noche la besé, y ella me correspondió unos segundos, luego cuando se apartó salió corriendo y no la volví a ver hasta la otra noche. Calló, me pidió que no hablasemos del tema...yo le hice caso unas horas, también salí a dar un paseo, y ahora después de una calurosa discusión, me ha relatado todo lo que le ocurre, su corazón esta en otra parte, pero no sabe donde, pero yo si se donde esta el mío, y esta justo en esta habitación, debatiendose por lo que siente, cambiando la palabra enemigo por confusión, y entendiendo cada una de las palabras que salieron por la boca de la Ventrue hace dos noches.


Mi mentor, al cual habíamos venido a buscar, se había enamorado de ella y ella perdidamente de el. Le convirtió por que estaba enfermo y apunto de morir, y no quería dejarle ir. Perdí las esperanzas de poder curar mi enfermedad con la sangre divina de Vincent, y no solo por que ahora se hubiese convertido en un vástago, si no por que ella ya no le siente, mi Mentor, ha desaparecido de la faz de la tierra, y ya no podré decirle lo que la Iglesia esta haciendo con todos nosotros.


Me levanto, el silencio me pesa ya sobre la espalda, apartó su cabello de su espalda y acaricio con un dedo la linea de su espalda, no parece molestarle por que noto como se estremece:


-Me siento sola...y tu estas apunto de aprovecharte de eso Michael...


Ahora es su cuello lo que queda libre de su pelo, y lo beso muy lentamente, me lleno de su olor como la primera vez que la conocí:


-No eres la unica, por una noche sere egoista si no te importa.


No responde, se de la vuelta y nos besamos con ardor, sus labios dejan de estar frios, su cuerpo en cierta medida tambien, y sus suspiros pegan en mis labios encendiendo ese fuego en mi que no sabía que existía. Sus manos casi me arrancan la ropa, furiosa. Mis manos son torpes y no atino siquiera a quitarle el pantalón, tiemblo como una hoja cuando al ver mi pecho desnudo ante la primera mujer con la que estoy solo en una habitación en toda mi vida, acaricia mi vientre satisfecha por sus recodos:


-Estas temblando...-musita.


-Yo..es que...yo nunca...-no me salen las palabras, sus ojos son puro fuego.


-No importa...yo tambien...Morí siendolo y desde entonces lo he sido cada noche.


No sé como responder a eso, ella dijo que jamás quiso el Don que se le había otorgado, por una vez agradezco que haya sido asi...si no, jamás la habría conocido.


Se aparta de mi y me coje la mano, me lleva hacía la cama, aún no estoy desnudo, ella tampoco, pero no tarda en tirarse en la cama y quitarse el pantalón, yo le sigo el juego y hago lo mismo, hasta que al final estamos completamente desnudos y mi vergüenza es mayuscula ante un cuerpo tan hermoso, tira de mi y me posa sobre ella con toda su fuerza, mi respiración se vuelve trabajosa:


-No respires asi...o te cansaras antes de lo piensas, tomame...-y sus besos vuelven a ser torridos, tiene razón, debo calmarme, me agarro a sus caderas y la tomo, sintiendo que no mentía al mencionar su inmortal virginidad.


Entierro mi rostro entre sus cabellos, y es extraño, pero no pienso en lo que estoy haciendo, el placer me llena el cuerpo y apenas puedo pensar con claridad, siquiera se como moverme para poder satisfacerla. Siento sus manos en mis caderas, ella marca el ritmo, me enseña...en una palabra, a moverme.


Una y otra vez bailo entre sus piernas con cadencia, a veces me muevo con fuerza y me sonrojo al pensar que me estoy perdiendo con ella, no abro demasiado los ojos, me parece estar soñando, hasta que noto como todo mi cuerpo se crispa de placer, tal vez...demasiado pronto.


Me echo sobre ella y huelo sangre, la bestia que hay en mi la huele, me vuelvo para mirarla, llora.


-Lo siento...perdoname...-dice apartandome, coge su ropa y sale de la habitación sin decirme nada mas, de hecho, es hoy que han pasado muchas noches, tal vez un año o dos y no la he vuelto a ver.


Pero no la olvido, cada vez que camino por una ciudad nueva mi pecho se llena con la esperanza de tener la casualidad de encontrarla al doblar una esquina, pero no ocurre.


Soy un hombre de Dios, no le temo a nada...me miento con la misma eficacia con la que se miente el propio pecador, Soy un hombre de Dios, y temo haberme enamorado, de mi peor enemigo.






3 comentarios:

Laidy Dark dijo...

Precioso.

No tengo palabras.

Realmente el relato se hizo ameno, elegante y lleno de pasión. Te envidio por poder narrar de esa manera.

un besazo n___n

Arinna dijo...

Qué preciosidad ^__^ en serio, me ha encantado.
En algún momento he notado que repetías varias veces la misma palabra, pero bueno, son manías mias.
Me gusta cada vez más tu niña, en serio, tiene un nosequé del que que mi parte toreador está enamorada xD

Ebony Whispers dijo...

Nooo de manias tuyas naaaadaaa xDDD me pasa muchisimo! asi que gracias por decirmelo! me lo mirare y lo corregire! gracias Arinna!